Biblia

El calvario tres días después, por Monseñor José Manuel Romero Barrios

Monseñor José Manuel Romero Barrios, Obispo auxiliar de la Diócesis de Barcelona y rector de la parroquia San Juan Bautista en San Tomé.

Por los caminos.

Los evangelios nos cuentan numerosas apariciones del Señor Jesús Resucitado que tuvieron lugar el mismo día de Pascua

Si se me permite esperar alguna preferencia, la que me conmueve más es la aparición a María de Magdala en el evangelio según San Juan capítulo 20, versículos 11 al 17; María se encontraba llorando junto al sepulcro vacía; el Señor Jesús se le acerca y le pregunta ¿por qué lloras?.

Mujer, ya no hay ningún motivo para que sigan brotando lágrimas de tus ojos. A no ser que sean lágrimas de gozo o de amor. Mira: la colina del calvario que anteayer era sólo una calavera cubierta de barro, hoy se ha convertido en un mar de hierba. Las piedras se han cubierto de felpa. Las gotas de sangre han florecido todas ellas en rosas y claveles. El cielo que el viernes era sólo un jirón andrajoso que nos llenaba de miedo, hoy está limpio como un sueño de libertad. Apenas han pasado dos días, pero han bastado pocas horas para que el mundo diese un salto de milenios.

No, no midan por los calendarios del hombre la distancia que separa este amanecer luminoso del ocaso tenebroso del pasado viernes. No ha pasado el tiempo: ¡Ha pasado una eternidad! Mujer, tú no lo sabes; pero lo cierto es que hoy ha comenzado la nueva creación.

Mis queridos amigos y amigas, en este día tan solemne de Pascua también me haría y les haría la misma pregunta que Cristo hizo a la Magdalena: ¿por qué llorar?

Nuestras lágrimas no tienen ya ningún motivo para brotar de nuestros ojos. A no ser que sean el ultimo riachuelo de llanto antiguo, la última ola de una vieja reserva de dolor, de la que el alma no ha logrado liberarse todavía.

Ya sé que pueden decirnos que estamos delirando. Se que pueden decirnos que hay motivos de alegría pero que los de tristezas son muchos más; quizás comiencen a decirnos que los dolores de la humanidad: del hambre, las torturas, las drogas, el sida. Quizás no tengamos argumentos para responder si nos hablan de la guerra nuclear, de la carrera armamentista, de los miles de recogelatas que deambulan por nuestras calles, de los pésimos servicios en los hospitales; de los miles de desempleados.

Puede ser que yo también me quede sugestionado por el hechizo sutil del pesimismo, si se les ocurre hablarme de la prostitución infantil, de la inseguridad en nuestros sectores populares, del incremento de la barbarie entre los menores de nuestra ciudad.

Quizás me rinda también y a las lisonjas del escepticismo, si me pongo a escucharte sobre las maniobras de los poderosos, sobre el llanto de los pobres, sobre la miseria de los desahuciados, sobre las humillaciones de tanta gente sin trabajo.

Quizás vea que vacila también mi esperanza, si me sigue hablando de Teresa que, a los treinta años se está muriendo de cáncer. O de Conrado que, a los diez años, ha sido operado inútilmente del cerebro. O de Lucía, que después de Pascua, recibirá la comunión en su casa porque no puede ya caminar e ir a la Iglesia (será su primera y su última comunión, tal como en la obra pictórica de Arturo Michelena). O de Julio y Mercedes que, después de tres años de matrimonio y de haber traído al mundo una criatura, se han ido cada uno por su camino, porque ya no tienen nada que decirse.

Sé muy bien estas cosas. Pero quiero jugar, hasta la última, todas las cartas de lo increíble y seguir diciendo igualmente que nuestro llanto no tiene ya razón para existir. La resurrección de Jesús ha secado sus fuentes.

Reconciliémonos con la alegría. Que la celebración de la Santa Pascua derrote nuestro pecado, que disipe nuestros temores y nos haga ver las tristezas, las enfermedades, la vejaciones y hasta la misma muerte, en su justa perspectiva: la perspectiva del “tercer día”.

Que las cruces del Gólgota se conviertan en antenas que nos permitan escuchar la música del cielo. Que nos permitan descubrir que Dios Padre ama este mundo y que ha renovado el universo entero con la Vida Nueva en Cristo. Que éste es “un mundo con espíritu” (Román Sánchez Ch)

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN Y A VIVIR COMO HOMBRES RESUCITADOS Y MUJERES RESUCITADAS.

 

El calvario tres días después, por Monseñor José Manuel Romero Barrios
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