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Anzoátegui: Velaron al tío en una silla de extensión porque no tenían para la urna

Foto: Sergio Salazar

El cadáver de un zapatero de 62 años fue velado sobre una silla de extensión porque su familia no tenía para cubrir los gastos funerarios y lo pensaban enterrar en una nevera vieja.

Por más de 20 horas, el cadáver de Adjeo Celestino Nadales Guanaguaney permaneció en su residencia de barro ubicada en la calle Páez de sector Cementerio en San José de Guanipa, mientras la familia aguardaba a las puertas de la Alcaldía por una ayuda que nunca llegó.

Damaris Tovar, contó que su tío falleció por causas naturales a las 10:00 de la noche del miércoles 28 de febrero y a la mañana siguiente los hermanos del difunto fueron hasta el ayuntamiento a pedir colaboración.

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“Los tuvieron esperando hasta las 3:00 de la tarde hasta que vinieron a la casa a ver el cadáver, hora y media después dijeron que no tenían dinero para ayudas funerarias”, relató la mujer al asegurar que no tenían dinero para enterrar a su ser querido.

Le indignó que el funcionario que los atendió les recomendara construir una urna casera con láminas de metal, por lo que al sobrino herrero del difunto se le ocurrió una idea.

“Lo único que teníamos a mano era una nevera vieja, donde mi hermano guarda sus materiales, intentó hacerla más grande para que entrara el cuerpo”, contó Tovar.

Mientras tanto, el cuerpo se descomponía en la sala de la casa, acostado sobre una silla de extensión, con hielo debajo que los mismos vecinos colocaban para mantenerlo fresco.

“Fue desesperante, no hallábamos qué hacer, fuimos a la Policía Municipal y nos orientaron en llamar al Cicpc”, dijo otra sobrina del difunto Ruth Nadales preocupada por la contaminación que empezaba a producirse dentro del inmueble.

Finalmente los investigadores levantaron el cuerpo y lo trasladaron hasta la morgue del Hospital Felipe Guevara Rojas de El Tigre, a la par que recibían la donación de un ataúd por parte de una empresa funeraria que se enteró por las denuncias dadas a medios locales.

En el certificado de defunción, el forense estableció que Nadales Guanaguaney presentó un estado de extrema desnutrición y anorexia. El informe reflejó que se trataba de un paciente psiquiátrico, que de acuerdo a lo dicho por la familia estaba negado a consumir alimentos, a pesar de que sí tenían al menos para comer.

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